jueves, 23 de abril de 2009

Ulises, yo te nombro Ulises. El silencio es un amparo terrestre, un respiro sin nausea, un encuentro sin más naufragio que dos bocas en un mismo verbo, una misma sed. El silencio Ulises, no es fácil escribirte, pero el mar te perdona, siempre te perdona. Días y noches. Crepúsculos de agua invaden tus ojos, y en ellos, un misterio esconde la lluvia que te hace olvidar todos los océanos que entiendes como tu piel.

Aquí o allá. No mentimos cuando el horizonte es uno y duele. Relámpagos rompen el canto de las aves que te acompaña., El búho le hace un gesto al sol para que no pierdas tu mirada sobre el próximo ocaso. El búho que es uno, tan soberano como tu nombre, Ulises. Sin miedo cubre la muerte del sueño. Los dioses lo saben, el viento lo sabe. Su memoria es aún más temible que las ratas que surcan las raíces del hambre. Más aún, el hambre es una península que anida las bestias sin fatiga. Orillas sobre orillas vemos aquí. Puentes que se hunden en el corazón de un témpano. Azul-fuego en el revés del témpano.

Azul

Fuego

Ulises

Un castigo
incendia mis manos de puerto al-mar. Te nombro Ulises, un cielo retrocede el umbral que busca tu voz. Yo la escucho, los pájaros te señalan el camino que alimentará la música de tu memoria.
Yo, en el mirador donde la niebla huele a piedra. Escucho su música. Húmedos cantos responden por mi silencio. Porque te encuentro Ulises.
Te encuentro.

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